"EL INSÓLITO ENCUENTRO ENTRE KARPOV Y KORCHNOI"

 

El Campeonato Mundial de Ajedrez de 1978, celebrado en Baguio, Filipinas, es recordado como uno de los más tensos y extraños de la historia. Anatoly Karpov, el campeón defensor, y Viktor Korchnoi, el desafiante, se enfrentaron en una serie de partidas que no solo pusieron a prueba su destreza ajedrecística, sino también sus límites psicológicos y emocionales. Karpov, el joven prodigio soviético, contaba con el respaldo absoluto del régimen comunista. Korchnoi, en cambio, era un exiliado político que había desertado de la Unión Soviética dos años antes y era considerado un traidor por su país natal. Esta rivalidad iba más allá del tablero: era un enfrentamiento ideológico, una batalla entre el poder soviético y la resistencia de un hombre contra el sistema que lo había formado.

Desde el inicio del match, la atmósfera se tornó hostil. Karpov llegó acompañado de un equipo de asistentes de alto nivel, incluido el prestigioso entrenador Mijaíl Botvinnik, mientras que Korchnoi tuvo dificultades para conseguir ayudantes de primer nivel debido a la presión soviética sobre la comunidad ajedrecística internacional. La delegación soviética, además, incluía un supuesto parapsicólogo, el doctor Vladimir Zukhar, cuya presencia tenía el propósito de desestabilizar a Korchnoi. Durante las partidas, Zukhar se sentaba en la primera fila del público, observando fijamente al desafiante con una expresión imperturbable. Korchnoi protestó reiteradamente, convencido de que su rival utilizaba métodos de sugestión psíquica para desconcentrarlo, pero los organizadores se mostraron escépticos ante tales acusaciones.

La tensión aumentó cuando Korchnoi empezó a contraatacar con métodos poco convencionales. En un intento de equilibrar la balanza, contrató a dos yoguis indios, conocidos como el "Swami" y su asistente, quienes afirmaban poseer habilidades para contrarrestar la supuesta influencia hipnótica del equipo soviético. Se les permitía meditar en la sala de juego, aunque esto solo sirvió para añadir más caos a un torneo ya plagado de incidentes extradeportivos. En una de las partidas, Korchnoi apareció con gafas de sol reflectantes, asegurando que con ellas bloquearía la mirada de su enigmático rival en la audiencia. Karpov, en respuesta, exigió que se prohibiera su uso, argumentando que reflejaban la luz de manera molesta.

El clima de hostilidad escaló a niveles insospechados cuando Korchnoi, al perder una de las partidas, se negó a estrechar la mano de Karpov, lo que fue interpretado como una afrenta personal. En una rueda de prensa, el desafiante incluso sugirió que el gobierno soviético había secuestrado a su esposa, que en ese momento se encontraba en la URSS y tenía dificultades para obtener un permiso de salida. A medida que avanzaba el encuentro, la lucha en el tablero se tornó igual de feroz. Karpov, con su estilo posicional preciso y meticuloso, trataba de imponer su dominio, mientras que Korchnoi respondía con una agresividad inusual, rechazando tablas en posiciones que muchos considerarían equilibradas solo para seguir peleando hasta la última jugada.

La partida 31 fue el punto de inflexión definitivo. Korchnoi, tras una remontada épica en el marcador, tenía la oportunidad de empatar el match si lograba la victoria. En una posición compleja, tomó una decisión arriesgada al avanzar un peón con la esperanza de forzar un ataque decisivo. Karpov, mostrando una sangre fría extraordinaria, encontró una serie de maniobras defensivas impecables que neutralizaron la iniciativa de su adversario. Tras varias horas de juego, Korchnoi se vio obligado a rendirse. Con esta victoria, Karpov alcanzó el número de puntos necesarios para retener el título mundial, dejando a su oponente con una derrota amarga en un duelo que había sido tanto una batalla mental como un enfrentamiento ajedrecístico.

El match de Baguio de 1978 pasó a la historia como el Campeonato Mundial de Ajedrez más polémico y surrealista jamás disputado. No fue solo un enfrentamiento entre dos jugadores excepcionales, sino un reflejo de la Guerra Fría y las tensiones políticas que definían la época. Mientras Karpov celebraba su victoria bajo la bandera soviética, Korchnoi, sin patria y sin título, quedaba marcado por la lucha más intensa de su carrera, una batalla donde el ajedrez y la política se entrelazaron de manera inseparable.

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